
Carta de
dote
En la ciudad de Badajoz a seis días del mes de mayo de
mil y seiscientos y sesenta y seis años, ante mí, el escribano,
y testigos, pareció Miguel de Mora, zapatero, vecino de
esta ciudad, y dijo que por cuanto a servicio de Dios, Nuestro Señor,
está casado según orden de la Santa madre Iglesia
con María Rodríguez, vecina de esta ciudad, hija legítima
de Domingos Martín, zapatero, difunto, y de Ana Martín Utrera,
vecinos de esta ciudad, que al tiempo que se contrajo dicho
matrimonio los susodichos le ofrecieron en dote los bienes que
se hará mención, los cuales le da y entrega la dicha
Ana Martín, tasados en su justo valor de conformidad
de ambas partes, y el dicho otorgante los recibe en los
precios siguientes:
Seis sábanas de lienzo casero nuevas, tasadas a
cuatro ducados cada una.
Una mesa de manteles romanescos, tasados en
tres ducados.
Otra mesa de manteles del mismo género por
estrenar en treinta reales.
Una toalla de lienzo fino bordada de hilo
de puntas pequeñas en tres ducados.
Dos fruteros de bocadillo y red tasados en cuatro ducados.
Un travesero de lienzo fino bordado de seda
anaranjada y azul, tasado en tres ducados.
Seis servilletas alemaniscas tasadas a cinco reales.
Cuatro servilletas ordinarias a cuatro reales cada una.

Cuatro almohadas de lienzo fino nuevas
tasada cada una a ocho reales.
Dos antepuertas de red tasadas en ocho reales.
Dos antecamas de red tasadas en cuatro ducados.
Una colcha de motilla nueva con sus fluecos
de hilo tasada en cien reales.
Un pabellón de cama colorado y blanco de
algodón y hilo tasado en siete ducados.
Dos colchones, el uno de haz y otro de lienzo
nuevos tasados con su henchimiento de lana
en quince ducados.
Una jerga de lienzo tasada en cinco ducados.
Un cobertor de lana blanco tasado en tres ducados.
Media cama de madera tasada en seis ducados.
Otro cobertor de paño azul tasado en azul tasado en cinco ducados.
Dos sortijas de oro, la una grande con diez y ocho
piedras blancas, tasada en ochenta y nueve reales,
y otra con una piedra grande envainada
tasada en setenta reales.
Tres cucharas de plata tasadas en sesenta reales.
Un bernegal de plata de peso de cuatro onzas,
tasado en setenta reales.
Tres sillas de vaqueta negra usadas tasadas
en ocho ducados.
Un baúl forrado en vaqueta negra tasado en cuatro ducados.

Una mesa de madera tasada en dos ducados
y medio.
Dos escaños de madera tasados en tres ducados.
Un arca de madera pequeña tasada en seis reales.
Una mesita pequeña con su cajón en diez y ocho reales.
Dos cuadros grandes de cuerpo entero con
su bastidor, el uno de Nuestra Señora de la Soledad
y el otro del Carmen, en cien reales cada uno.
Dos cuadros pequeños tasados en cuatro ducados.
Dos candeleros de estaño tasados en dos ducados.
Una caldera nueva de cobre en cuatro ducados.
Un perol de azófar tasado en dos ducados y medio.
Otro más pequeño de lo mismo tasado en seis reales.
Un cazo grande y otro pequeño de azófar tasados
en veinte y cuatro reales.
Una sartén de hierro tasada en dos ducados
y medio.
Unas trébedes, badil, tenazas y dos asadores
tasados en treinta reales.
Una casaca y calzón de estameña de Francia y
un jubón y mangas de holán de cristal y un
tahalí de becerro bordado de plata, tasado todo
en cuatrocientos reales.
Un tahalí de cordobán con fluecos negros en cien

Una toque con su guarnición tasado en setenta reales.
Una almilla de cristal plateado forrada
en tafetán negro tasada en cien reales.
Una almilla y basquiña de holán ordinario
tasado en ciento y cincuenta reales.
Un guardapiés de sempiterna azul con
guarnición de plata, tasado en cien reales.
Un manto de anascote en dos ducados.
Una docena de platos finos tasados en doce reales.
Una docena de platos blancos y media de
escudillas ordinarias, tasados en nueve reales.
Un plato grande de lo mismo tasado en cinco reales.
Dos almofías blancas de loza en cuatro reales.
Una mantilla de bayeta y una casaquita
de polvillo con puntas de Milán de oro, de un
niño en sesenta reales.
Un cascabel de plata y una campanilla y una
medalla y una cruz pequeñita, todo ello de
plata de peso de seis reales de a ocho, en ciento y cinco reales.
Dos tocinos con sus adherentes tasado en ciento y cincuenta reales.
Treinta pares de hormas paqueñas y grandes a
tres reales cada par.
Dos pares de tijeras del oficio de zapatero a
treinta reales cada uno.
Una banca de madera en dos ducados.

Un sombrero negro tasado en cincuenta reales.
Docena y media de cordobán zurrado
tasado en cuarenta ducados.
Un lomo y dos sotajos tasado en trece ducados.
Dos ijadas blancas tasadas en sesenta reales.
Media docena de badanas tasadas en
treinta y seis reales.
Una docena de aforas tasada en treinta reales.
Cuatro doblones de a dos de oro a
setenta reales cada uno.
Que los dichos bienes tasados en los dichos
precios importan cuatro mil seiscientos y
un reales y medio, que confesó ser su justo valor y
todos ellos los recibió a su poder el dicho otorgante
en mi presencia y de los testigos que se hará
mención, excepto la docena y media de
cordobanes, una aguijada, dos sotajoz, un lomo, dos
ijadas blancas y media de badanas
de a foroz y los cuatro doblones que
por no parecer de presente se dio por
entregado en ellos, sobre que renuncia las leyes de la
entrega como en ellas y en cada de ellas se
contiene, y todos los dichos bienes tasados en la dicha
forma recibe por bienes dotales de la dicha María
Rodríguez, su mujer, y se obliga de tenerlos

en su poder en lo mejor y en lo más bien para
dote los que tiene y tuviere, y de entregarlos
cada y cuando que el matrimonio sea
disuelto o separado por muerte o divorcio o en otra
forma, sin gozar del año de la retención, y al
cumplimiento de lo aquí contenido obliga
su persona y bienes muebles y raíces habidos y
por haber y para su ejecución y cumplimiento da poder
cumplido a las justicias de su majestad y,
especialmente, a las reales de esta ciudad para que le
apremien como por sentencia pasada en cosa juzgada,
y la otorgo estando en las casas de su morada,
siendo testigos Simón Ruiz, herrador, Diego
Hernández, zapatero, y Pedro Ruiz Moreno, vecinos de esta
ciudad, y lo firmó el otorgante que yo, el escribano doy
fe conozco.
Miguel de Mora
Ante mí,
Nicolás Vázquez Ruano